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In memoriam: José Luis Sampedro

Acabamos de conocer la noticia de la muerte de José Luis Sampedro. Falleció la madrugada del día 8 de abril a los 96 años de edad. Se fue de manera sencilla y sin publicidad, con la misma  humildad con la que vivió y nos enseñó a ser mejores. Gracias por tu magisterio, José Luis.  Hace poco más de un año, tuvimos el privilegio de entrevistarle en La Cala de Mijas, donde encontró un refugio adecuado para la creación literaria. Recuperamos hoy el texto íntegro de aquella entrevista, cuyos protagonistas fueron José Luis y nuestros alumnos.

Como os dijimos recientemente, el pasado veinticuatro de enero, Agustina Calio, de 2º de Bachillerato B, y Pedro Valmisa del grupo C, entrevistaron a José Luis Sampedro en la cercana Cala de Mijas. No sabían lo que iban a encontrar, pero sin duda hallaron más de lo que esperaban.

 

 

Este es el resultado de su trabajo como periodistas:

–¿Cree que es cierta la asociación entre juventud y rebeldía?

–No estoy tan seguro. Cuando se habla de la juventud se generaliza mucho; yo creo que hay jóvenes rebeldes, pero los hay que no lo son en absoluto. Y además están, en general, con las excepciones que se quiera, preparados para que no lo sean. El sistema, lo que quiere es –y no digo que todos los profesores lo hagan, porque yo mismo no lo he hecho– educaros para que seáis buenos productores y buenos consumidores, y que no discutáis nada y seáis muy sumisos; y eso es catastrófico.

–¿Cómo explicaría, entonces, que el conformismo de los jóvenes siga creciendo en la sociedad actual?

–Sigue creciendo porque la sociedad actual hace todo lo posible por que sigan sumisos. Empieza desde que son niños pequeños, y les introduce creencias para que se sometan; y luego, cuando ya han terminado los estudios, la sociedad sigue condicionando el pensamiento de todos, porque los medios de información, que son medios de persuasión, medios para convencer, son, en general, propiedad de los poderes reinantes, y los poderes reinantes no quieren insumisión, así que manejan los medios de información –que yo estoy llamando “medios de persuasión”– para que informen, para que digan lo que le conviene al poder que se diga y oculten lo que no le gusta al poder que se diga; es decir, se produce la creación de una opinión pública que no sea verdaderamente reflejo de los sentimientos auténticos de la gente, sino que sea la expresión de lo que se le ha dicho y de lo que le han enseñado y de lo que le repiten; eso es lo único que explica que en este momento haya una crisis internacional, una crisis económica grande, y que en esa crisis económica, los gobiernos, que han sido votados –no hablo solo de España–, que han sido votados por los pueblos, estén de parte de los banqueros y del dinero y contra el interés de los pueblos. Eso es lo que explica una cosa que es una aberración: resulta que los gobiernos, que nos deben defender, que nos deben ayudar, que deben preferir que trabajemos a que estemos ahorrando para pagar a los otros, a los que tienen ya dinero, esos gobiernos están con esos banqueros; y la prueba es que no han hecho absolutamente nada para transformar la banca, no han puesto nuevas condiciones. Los bancos internacionales siguen funcionando exactamente igual que antes, y volverá una crisis en cuanto les parezca. Aquí nos están repitiendo “austeridad, austeridad, austeridad”, es decir, “ahorro, ahorro, ahorro”.  ¿Qué quiere decir ahorro? Ahorro quiere decir que no consumamos casi nada, y ahorro quiere decir que los empresarios activos no inviertan demasiado; pero es que si se hace eso, no podemos pagar nada, porque para pagar tenemos que crear; si no producimos, no podemos pagar, y si nos obligan simplemente a ahorrar, ¿qué pasa? Que viviremos peor y ellos tendrán más dinero, pero no hemos votado al gobierno para eso. Bueno, pues los gobiernos votados están hoy del lado del dinero.

En este momento la duda es si debe haber bancos llenos de dinero y el pueblo con poco dinero para gastar y para invertir, es decir, para producir, o al revés: si ese dinero que está ahí, que es, además, de la gente, debe ponerse en marcha, en actividad.

–Cambiando un poco de tema: en 2001, el periódico El mundo le hizo una entrevista en la que usted dijo que los ordenadores no le gustaban…

–Bueno, no exactamente. Quiero decir que yo no pertenezco a ese mundo. A mí no me interesan, pero no por eso voy a negar dos cosas: una, que los ordenadores son utilísimos, importantísimos, eficacísimos y quitan mucho trabajo, de acuerdo; y otra, que el mundo va por ese camino, que yo no lo voy a impedir, pero yo tengo derecho a no seguirlo, y no lo sigo y ya está. Yo me apeo. (Risas) Mira, en el 68 fue la revolución de París de los estudiantes, que habréis leído alguna vez, ¿no? Entonces salieron unos anuncios en las paredes y había uno que decía: “Que paren el mundo, que me apeo”; era de uno que estaba descontento. Yo tomé eso al pie de la letra; no puedo pretender parar el mundo, pero puedo pararme yo. Yo iba en la columna de la humanidad andando hacia la historia, pero cuando vi cómo se ponía esto, me separé, me senté, y estoy en una cuneta sentado y viéndoos pasar a todos; y me parece muy bien que paséis, y estoy animando a los que pasan, y estoy diciendo que esto es un nuevo mundo que tiene muy poco que ver con el anterior. Estamos viviendo un “renacimiento” como el del siglo XV. El mundo actual es un mundo digital y el anterior es un mundo analógico.

Pero eso es otra cosa; yo soy analógico, e, incluso, preanalógico. (Risas de nuevo).

–Entonces sigue pensando exactamente lo mismo que cuando le hicieron la entrevista…

–Hombre, claro. Pero sigo pensando esto desde hace ya cuarenta o cincuenta años. (Risas).

–Ha escrito muchos libros a lo largo de toda su vida. ¿Le ha merecido la pena la dedicación a la escritura?

–¡Huy, que si ha merecido la pena! He vivido lo que he escrito. Claro que ha merecido la pena, ha merecido la pena vivir. Y algo le atribuyo a mi obra: que la he hecho lo mejor que yo podía hacerla. Que luego es buena o mala, eso es otra cuestión; la apreciará quien quiera, pero lo que yo he hecho ha sido no regatear esfuerzo para que esté lo mejor posible. No se me puede pedir más, porque no puede pedírseme que yo sea más de lo que soy. Bastante es que intente ser lo que soy, que no lo consigue casi nadie. Casi nadie consigue hacer todo lo que habría podido hacer si le hubieran preparado bien. Pero yo hago lo posible, he sido toda mi vida un aprendiz de José Luis Sampedro y no estoy muy descontento.

–¿Su obra preferida?

–Son tan distintas... Es como lo de los padres y los hijos, se les quiere a todos.

–Además de ser escritor y humanista, es usted economista. ¿Cómo define el momento que estamos viviendo ahora?

–El momento que estamos viviendo ahora es el momento en que termina de derrumbarse un sistema cultural, que es el sistema capitalista, que llevaba cinco siglos funcionando, y que ya no puede funcionar porque no está preparado para aceptar las cosas que le ponen enfrente. Estos días están hablando de este problema del Megaupload. No tienen solución para resolver esa cuestión, no saben qué hacer, porque, por un lado, hay que difundir la cultura, pero, por otro lado, hay que pagar a los que escriben y a los teatros. No saben qué hacer, solo se les ocurre cortar y tomar eso como pretexto para seguir siendo “medios de persuasión”, para impedir lo más importante de todo, que es pensar con libertad. Lo importante no es la libertad de expresión, es la libertad de pensamiento. Porque si yo, cuando me expreso, soy libre de expresar y de decir lo que quiera, pero lo que estoy diciendo es lo que me han dicho que diga, entonces no soy yo. No sé si te das cuenta bien.

–Sí, sí.

Muchos alumnos me decían “como dijo Lenin…”. Y yo les decía: “Mira, a mí no me digas lo que dijo Lenin, dime lo que tú piensas, y si es lo mismo que dijo Lenin, porque tú estás convencido de que eso está muy bien, me parece muy bien que lo digas. Pero no porque lo dijo Lenin, sino porque a ti te convence lo que dijo Lenin”. Esa es la verdadera diferencia.

–Yo de mayor quiero ser economista. ¿Algún consejo que pueda darme?

–Sí, te daré un consejo. La Economía es una ciencia mucho menos exacta de lo que nos creemos, porque calcula costes y beneficios, pero, claro, no todos los costes ni todos los beneficios. Una petrolera española se va a Bolivia, consigue unas concesiones por influencia política, se mete en un territorio, se carga el bosque del territorio, se carga las aldeas del territorio, machaca a la gente del territorio y saca petróleo. El coste del dolor, del sacrificio de los que han perdido sus vidas, de los que han tenido que adaptarse e irse de obreros malditos a la capital, el coste de las especies desaparecidas en esa selva…, todo esto no se cuenta nunca. Ellos hacen sus cálculos de coste y eso no aparece. Sacan un beneficio, pero si pagaran lo que se llevan de allí o lo que no se llevan pero destrozan, no podrían ganar lo mismo. Para decirte una cosa que te hará reír: estamos todos los días hablando del PIB, del producto interior bruto; bueno, pues si un señor viudo tiene una señora o asistenta que limpia su casa, y como los dos son libres, se ponen de acuerdo y se casan, baja el PIB. ¿Por qué? Porque ya no se cuenta el sueldo que él le daba a la señora, porque no le paga un sueldo. ¿Eso es contabilidad? No, no es contabilidad; la señora sigue trabajando igual, o más todavía. De modo que no creas todo cuando te ponen cuadros macroeconómicos. Lees un día “la cuota de riesgo de España es 2.73”, y mañana, “la cuota de riesgo de España es 1.25”. ¿Es que la economía española ha cambiado en veinticuatro horas de una cosa a otra? No, es que esas informaciones sirven para especular con el dinero, están al servicio del capital, no de la nación. De modo que, una vez en ese terreno, la ideología, no las ciencias exactas, pesa muchísimo.

Y puestos a hacer ideología, te diré que hay dos clases de economistas: los que quieren hacer más ricos a los ricos, que al final son economistas financieros porque operan con papel-moneda, y los que queremos hacer menos pobres a los pobres. De modo que tú eliges: si te apuntas a los financieros, ganarás mucho dinero y hablarán de ti y todo eso; si no, vivirás peor, pero vivirás “mejor”, porque lo mismo que no se cuentan los costes, no se cuentan los beneficios. Yo tengo amistades que valen muchísimo y que no cuento como beneficios, las disfruto; a la larga es vitalmente mejor.

–Muchas gracias. Y una última pregunta, para terminar: como usted ha dicho antes, estamos en la era digital, y ya se sabe que los jóvenes de nuestra edad no somos muy dados a leer. ¿Qué haría usted para incitarnos a la lectura?

–¿Para incitaros a la lectura? ¡Pero si leer es vivir! Gracias a la lectura se viven unas vidas que uno no viviría sin la lectura. Tú me dirás “bueno, también yendo al cine”; no es lo mismo, porque el libro, mientras lo lees, lo piensas y lo haces tuyo. Si no te interesa, no te interesa; pero si entras en el libro, estás viviendo la vida del libro. Yo he sido pirata en el Caribe, porque leí, a los once años, novelas de Salgari, que ya no se lee, ¿verdad? Y como eran de piratas del Caribe, yo era un pirata; me iba a la playa a jugar con unos amigos, había allí una barcaza de doce metros varada, invadíamos la barcaza y navegábamos sin movernos, y yo era arponero de popa del Coventry, y mataba las ballenas desde allí. Si no hubiera leído, no habría hecho eso nunca. No pierdas la lectura, aunque sea en “tableta” (risas), pero acaricia los libros, acaricia los libros…

Tras estas palabras, nos despedimos y regresamos al centro con una sensación indescriptible, como si hubiera un antes y un después de aquella entrevista, sabiendo que, aunque la huella que hubiese dejado en cada  uno fuese diferente, ninguno de nosotros olvidaría jamás aquel encuentro.